Función metalingüística
Texto, párrafo, elipsis, marcador,
expositivo, argumentativo, ensayo progresión,
presenta adecuación, coherencia y cohesión
deixis, conector, argumento=opinión.
Sigla, antónimo, derivación, polisemia,
hiperónimo,auxiliar, variable
presenta acción o es contable,
ONU, ovni, animal, maleable...
Perífrasis, sustantivo, adverbio, locución,
un verbo puede ser núcleo, interjección,
preposición, determinante, sintagma nominal,
ya está hecho el sintagma preposicional.
Uso el "se" como complemento
directo, indirecto o impersonal,
puedo usarlo como reflexivo,
o también puede funcionar como dativo.
Terceto, redondilla, octava real,
villancico, zejel, romance, endecha,
lira, soneto, cuaderna vía,
Raúl Vacas me inspiró esta poesía.
El reloj eterno
Las heridas en el cuerpo
por sí solas sanarán,
las que hay en el alma
dime, quién las curará.
El tiempo me ha respondido
confía en mí y ya verás;
yo incrédula le dije
pero cuánto hay que esperar;
mientras tanto, qué se hace,
quién me puede aconsejar,
dicen que cambie el rumbo,
que nunca mire hacia atrás.
Tras el paso de los días
he podido comprobar
que el tiempo, mi fiel amigo,
cuanto tuvo de verdad.
Y las heridas del alma
que cicatrizaron ya,
¡ay! si alguien las abriera...
otra vez vuelta a empezar.
Alejandro Maya Rey
4º ESO A
El reloj eterno
Las heridas en el cuerpo
por sí solas sanarán,
las que hay en el alma
dime, quién las curará.
El tiempo me ha respondido
confía en mí y ya verás;
yo incrédula le dije
pero cuánto hay que esperar;
mientras tanto, qué se hace,
quién me puede aconsejar,
dicen que cambie el rumbo,
que nunca mire hacia atrás.
Tras el paso de los días
he podido comprobar
que el tiempo, mi fiel amigo,
cuanto tuvo de verdad.
Y las heridas del alma
que cicatrizaron ya,
¡ay! si alguien las abriera...
otra vez vuelta a empezar.
Sara García Izquierdo
4º ESO A
Vuela
Y me decías que me querías
que conmigo querías estar,
y esas fueron las palabras
que echaron a volar.
Que yo era la paloma
que volaba sin cesar,
que tus manos son mis alas
y mis ojos tu altar.
Victoria Stefchova Petkova
4º ESO A
Muere el día
Los primeros rayos del día despiertan a Alba. Su nombre no es casual: su madre le puso ese nombre porque nació en el amanecer del día que terminó la guerra civil, un verdadero signo de esperanza.
Alba intenta incorporarse para ir al baño, pero sus piernas y su espalda se encargan de recordarle que ya no es simplemente Alba, sino "Alba la Septuagenaria "…vaya…tampoco está en su casa…está en la residencia de ancianos…pero…un momento…¿no es hoy día de visitas? Alba se sonríe, podrá ver a sus hijos hasta que caiga el sol… ¡sus hijos!
Alba toca insistentemente el timbre para que la enfermera venga a ayudarla: tiene que bañarse, cepillarse su ondulado pelo cano y darse un poco de color en esas mejillas que en otro tiempo fueron sonrosadas. La enfermera nota, desde el primer instante que entra en la habitación, la ilusión de Alba reflejada en sus pequeños ojos, así que, sin hacerla esperar ni un segundo más y contagiándose de su alegría, le ayuda a acicalarse entre risas. Alba le cuenta a la enfermera las canciones y el teatro que tenía que echarle a la hora del baño de su hija la menor, especialmente cuando había que desenredarle el pelo. En aquellas trágicas situaciones, Alba se hacía pasar por cantante de ópera, cupletista o personaje de cuento, hasta que su pequeña dejaba de gritar y reía como sólo los niños saben reír. La enfermera también se está riendo, y no es para menos, Alba siempre ha sabido contar muy bien las historias.
Después del desayuno, los nervios se han instalado definitivamente en la boca del estómago de Alba. Los primeros familiares comienzan a llegar a la residencia. La enfermera adivina la sensación que está experimentando Alba y la trae una infusión. Alba recuerda como también adivinó el nerviosismo de su hijo el mayor, en el amanecer del día de su boda. Aquel día, ella también estaba nerviosa. El enlace era por la tarde, así que se lo llevó al campo, donde estuvieron paseando durante horas, saboreando el aire, adivinando el canto de las aves y deleitándose con los colores de la naturaleza. Cuando volvieron a casa para arreglarse, la tranquilidad y el amor se habían instalado en sus corazones.
Ya es hora de comer. Alba comenta a la enfermera que seguramente sus hijos vendrán a la hora del café, pues ambos trabajan mucho y habrán querido aprovechar la mañana haciendo cosas de la casa y dedicando ese tiempo que no pueden dar a sus hijos durante la semana. No, Alba no se desanima, lo entiende; ella y su marido también pasaron varios años haciendo horas extras para sacar a la familia adelante: su marido llegando a casa a las once de la noche para tener que levantarse a las cinco y media, seis días a la semana; ella con su media jornada como maestra y su jornada completa como madre, limpiadora, planchadora, cocinera, economista…y esposa, amante y amiga cuando el trabajo de su marido se lo permitía. Obstáculos que les habían hecho más fuertes.
Alba se mece lentamente en la butaca frente al ventanal que mira a la entrada de la residencia. Los nervios de su estómago han dado paso a un nudo que le sube por el pecho para querer salir por sus ojos. Es uno de los atardeceres más hermosos que ha visto en su vida, y solo puede compartirlo con su inseparable y única amiga desde hace años…Soledad.
Mónica Roales Ruiz
